“Estaba revisando una propuesta fiscal y por accidente demostré que no existe Dios”
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| Capítulo 12x09 "Homero" |
Las personas de la posmodernidad tenemos una visión más cientificista o ‘matemática’,
de la existencia, de la vida y lógicamente no tan así de la muerte.
Nuestra vida está cifrada entera: Cuanto cobramos, cuando comemos, metros hasta
el trabajo; años vividos, kilos a bajar, el precio del litro, horas extra, etc.
Pero todos esos números se vuelven humo en el último instante. Con la muerte
aparece una “nada absoluta”.
Una “Nada” que es tal sólo para los intereses humanos, porque no hay cosa que
sabotee más nuestros planes que la muerte. La muerte lo detiene todo para nada.
Nada es tan carente de sentido como la muerte.
Años de trabajar, de ahorrar, de aportar; esperar años y décadas
porque “un poco más y tal vez …”; años de esfuerzo para no huir de un
matrimonio, no huir de los hijos, del trabajo que necesitamos para no huir… Nos
la pasamos trazando caminos y poniéndonos plazos para ser felices y todo eso
queda en nada cuando nos encontramos con la muerte.
¿Quién querría hacer ese esfuerzo si supiera que lo hace
para nada? ... Si la muerte no
conduce a nada, y la vida sólo conduce a la muerte… bueno.
Eso sería contemplar el suicidio
ante la menor insatisfacción, activa o pasivamente. ¿Qué es lo que ha hecho que
no nos suicidemos en los últimos milenios? … La única respuesta a eso es NUESTRA IMAGINACIÓN.
Nuestra imaginación puede ir millas adelante, años al futuro,
y por supuesto atravesar la muerte. Nuestra imaginación no conoce el “NO”; basta el deseo para dilucidarlo. Y hace
milenios atrás los humanos quisimos ver el sentido de la vida y pudieron.
Dicho así, el
“sentido de la vida” sólo puede quedar por fuera de ésta, es decir en la
muerte. Y la imaginación lo vio. Vio que hay fuera de la vida; y era un Dios
creador de un paraíso ¡¿Qué mejor para saciar la “nada absoluta” que ÉL? El
absoluto, eterno y todo poderoso! Un Dios que nos promete, nada menos que todo!
Todo lo que deseemos luego de la muerte. Así vale la pena vivir y “hacer las
cosas como se debe”.
Dios es el eslabón necesario en nuestra cadena de sentido
para evitar el colapso de nuestros deseos. Pero cualquier persona madura y sana
entiende que no por mucho desear o necesitar algo, eso se hace realidad. No por
desear mucho el amor aparece, no por mucho necesitar la cura para una
enfermedad terminal se materializa. La salud, medicina, la física, la economía,
no se organizan a favor de nuestro corazón o nuestro llanto. Entonces también debería entender que, no
por mucho necesitar el sentido de la vida éste sea real.
El hecho de que una persona sea un alma en pena que no encuentra su camino y/o
el amor, no hace que una estrella se abra en dos como una nuez y de a luz a un
dios. Ni el pesar de una persona, ni el de 20, ni el de mil millones. Eso es un
deseo no una realidad.
Nuestras mentes son como computadoras con su lógica binaria, donde Dios es el ‘cero’ contrapuesto al ‘uno’.
Sabemos que si rompemos un disco rígido no se derramarán unos y ceros, no están
grabados ni contenidos en él, son señales electromagnéticas, configuraciones. Sabemos
que el “cero” no existe, que es una construcción teórica, una elaboración
humana. La matemática funciona, el disco rígido también, aunque hagan uso del
cero que no existe. Y nuestra mente también funciona gracias a una elaboración humana: la idea de Dios. Y éste sólo existe como parte de una lógica, la de nuestra mente, que
no está hecha para comprender o precisar el momento de su detenimiento, ni a resignarse frente a la cercanía del mismo. Entonces, lógicamente no nos gusta verlo, porque querer
verlo es querer ver lo ilógico, la locura, la muerte. El disgusto al pensar en
eso es sólo una respuesta defensiva frente a una idea que atenta contra la
unidad de nuestra psiquis, una defensa para la preservación de la integridad de
este sistema que sólo funciona correctamente con esa lógica.
