lunes, 23 de abril de 2012


“Estaba revisando una propuesta fiscal y por accidente demostré que no existe Dios”

Homer Flanders-Dios
Capítulo 12x09 "Homero"
Las personas de la posmodernidad tenemos una visión más cientificista o ‘matemática’, de la existencia, de la vida y lógicamente no tan así de la muerte.
Nuestra vida está cifrada entera: Cuanto cobramos, cuando comemos, metros hasta el trabajo; años vividos, kilos a bajar, el precio del litro, horas extra, etc. Pero todos esos números se vuelven humo en el último instante. Con la muerte aparece una “nada absoluta”.
Una “Nada” que es tal sólo para los intereses humanos, porque no hay cosa que sabotee más nuestros planes que la muerte. La muerte lo detiene todo para nada. Nada es tan carente de sentido como la muerte.
Años de trabajar, de ahorrar, de aportar; esperar años y décadas porque “un poco más y tal vez …”; años de esfuerzo para no huir de un matrimonio, no huir de los hijos, del trabajo que necesitamos para no huir… Nos la pasamos trazando caminos y poniéndonos plazos para ser felices y todo eso queda en nada cuando nos encontramos con la muerte.
¿Quién querría hacer ese esfuerzo si supiera que lo hace para nada? ... Si la muerte no conduce a nada, y la vida sólo conduce a la muerte… bueno.
Eso sería contemplar el suicidio ante la menor insatisfacción, activa o pasivamente. ¿Qué es lo que ha hecho que no nos suicidemos en los últimos milenios? … La única respuesta a eso es NUESTRA IMAGINACIÓN.
Nuestra imaginación puede ir millas adelante, años al futuro, y por supuesto atravesar la muerte. Nuestra imaginación no conoce el “NO”; basta el deseo para dilucidarlo. Y hace milenios atrás los humanos quisimos ver el sentido de la vida y pudieron.
Dicho así, el “sentido de la vida” sólo puede quedar por fuera de ésta, es decir en la muerte. Y la imaginación lo vio. Vio que hay fuera de la vida; y era un Dios creador de un paraíso ¡¿Qué mejor para saciar la “nada absoluta” que ÉL? El absoluto, eterno y todo poderoso! Un Dios que nos promete, nada menos que todo! Todo lo que deseemos luego de la muerte. Así vale la pena vivir y “hacer las cosas como se debe”.
Dios es el eslabón necesario en nuestra cadena de sentido para evitar el colapso de nuestros deseos. Pero cualquier persona madura y sana entiende que no por mucho desear o necesitar algo, eso se hace realidad. No por desear mucho el amor aparece, no por mucho necesitar la cura para una enfermedad terminal se materializa. La salud, medicina, la física, la economía, no se organizan a favor de nuestro corazón o nuestro llanto. Entonces también debería entender que, no por mucho necesitar el sentido de la vida éste sea real.
El hecho de que una persona sea un alma en pena que no encuentra su camino y/o el amor, no hace que una estrella se abra en dos como una nuez y de a luz a un dios. Ni el pesar de una persona, ni el de 20, ni el de mil millones. Eso es un deseo no una realidad.
Nuestras mentes son como computadoras con su lógica binaria, donde Dios es el ‘cero’ contrapuesto al ‘uno’.
Sabemos que si rompemos un disco rígido no se derramarán unos y ceros, no están grabados ni contenidos en él, son señales electromagnéticas, configuraciones. Sabemos que el “cero” no existe, que es una construcción teórica, una elaboración humana. La matemática funciona, el disco rígido también, aunque hagan uso del cero que no existe. Y nuestra mente también funciona gracias a una elaboración humana: la idea de Dios. Y éste sólo existe como parte de una lógica, la de nuestra mente, que no está hecha para comprender o precisar el momento de su detenimiento, ni a resignarse frente a la cercanía del mismo. Entonces, lógicamente no nos gusta verlo, porque querer verlo es querer ver lo ilógico, la locura, la muerte. El disgusto al pensar en eso es sólo una respuesta defensiva frente a una idea que atenta contra la unidad de nuestra psiquis, una defensa para la preservación de la integridad de este sistema que sólo funciona correctamente con esa lógica.